domingo, 11 de mayo de 2014

Un poco de "marujeo"

Continuando un poco con la temática tratada en el día de ayer, hoy seguiremos analizando algunos aspectos de Don Álvaro o la fuerza del sino. Concretamente, esta entrada estará dedicada al momento en el que don Carlos de Vargas, hijo del Marqués de Calatrava y hermano de Leonor; bajo la fachada de don Félix de Avendaña, descubre la verdadera personalidad de don Fadrique de Herreros, que resulta ser don Álvaro.

Momento en el que don Carlos y don Álvaro se conocen bajo sus respectivas personalidades falsas

Antes de meternos de lleno en la labor, cabe recordar de nuevo la edición utilizada para este estudio:



DE RIVAS, Duque. Don Álvaro o la fuerza del sino. 25ª ed. de Alberto Sánchez. Madrid, España. CATEDRA Letras Hispánicas. 2003. [págs. 115-139] ISBN: 84-376-0057-X

Añado además, como viene siendo costumbre; el fragmento correspondiente al documental que editó Estudio 1 recortado por mí, en el que podemos ver el inicio de la relación entre ambos y cómo se va descubriendo el engaño.


Partimos de dos personajes enfrentados los cuáles no tienen conocimiento el uno del otro. Por un lado tenemos a don Carlos de Vargas, hermano de Leonor e hijo del fallecido Marqués de Calatrava. Para este señor, su objetivo en la vida se ha convertido en vengar a su padre fallecido y recuperar de esta forma el honor perdido de su familia. Recordamos el fallecimiento del Marqués [accidentalmente] a manos de don Álvaro, amante secreto de Leonor. Por otro lado, tenemos al ya mencionado don Álvaro. Este caballero es un ser desdichado e infeliz, cuya misión se convierte en vagar por el mundo en busca de su muerte. Ha asesinado al padre de su amada y ésta ha huido e incluso él la piensa muerta, por lo que para el la vida supone un valle de lágrimas y sufrimiento como ya vimos en la entrada anterior. 

Don Carlos, se refugia en la persona ficticia de don Félix de Avendaña, figura que nos recuerda a don Tomás de Avendaño, uno de los protagonistas de La ilustre fregona [de Miguel de Cervantes Saavedra, Novelas Ejemplares]. A su vez, don Álvaro se escuda bajo el nombre de don Fadrique de Herreros, capitán de granaderos.

DON CARLOS (Con expresión.)

Que me deis
vuestro nombre a suplicaros
me atrevo. Y para obligaros,
primero el mío sabréis.
(Aparte.)
Siento no decir verdad:
Soy don Félix de Avendaña,
que he venido a esta campaña
sólo por curiosidad.
Soy teniente coronel,
y del general Briones
ayudante: relaciones
tengo de sangre con él.


[...]

DON ÁLVARO

Soy... don Fadrique de Herreros,
capitán de granaderos
del regimiento del Rey.

Desde una perspectiva actual, esta situación podría parecernos imposible e incoherente, ya que actualmente todos disponemos de información y fotografías de cualquier persona a un solo click de distancia. Hay que tener en cuenta que esta obra se estrena en 1835, momento en el que era impensable siquiera que una persona pudiera tener un retrato propio de bolsillo. Es en esa situación donde reside la ridiculez del asunto que nos trasmite ese punto cómico en el que dos personas que estaban deseando encontrarse (aunque no por una buena razón) son incapaces de darse cuenta de a quién tienen delante realmente.
A la vista está, como de grande es el engaño, que don Carlos tiene conocimiento de este tal don Fadrique, ya que tras la presentación, le dice:

DON CARLOS (Con grande admiración y entusiasmo.)

¿Sois -¡grande dicha es la mía!-
del ejército español
la gloria, el radiante sol
de la hispana valentía?
[...]
Desde que llegué
a Italia, sólo elogiaros
y prez de España llamaros
por dondequiera escuché.
Y de español tan valiente
anhelaba la amistad.

A lo largo de este fragmento, vemos cómo la relación se inicia cuando don Álvaro consigue zafarse de un grupo de soldados que intentan atacar a don Carlos. Parece que éste ya sospecha algo cuando don Carlos le comenta que la riña fue a causa del juego, cosa poco honorable en un hombre de calidad.

DON ÁLVARO

Que extrañe perdonad
que un hombre de calidad,
cual vuestro esfuerzo demuestra,
entrara en tal gazapón,
donde sólo va la hez,
la canalla más soez,
de la milicia borrón.

A lo largo del episodio somos testigos de cómo don Álvaro es herido de bala en el pecho y don Carlos se encarga de salvaguardarlo con ayuda de un doctor. En el momento en que don Álvaro vuelve en sí del shock, maldice su suerte y se lamenta de haber sido salvado de la muerte, ya que su intención es morir.

DON ÁLVARO

¡Dios eterno!
Con salvarme de la muerte,
¡qué grande mal me habéis hecho!

En uno de sus despertares, se menta el nombre de la Orden militar española de Calatrava, que don Álvaro confunde con el Marqués al que asesinó ante la presencia de su amada Leonor y es a partir de ese momento cuando don Carlos comienza a mostrarse receloso.

DON CARLOS

[...] con una rica encomienda
se adornará vuestro pecho
de Santiago o Calatrava.

DON ÁLVARO

¿Qué escucho, qué? ¡Santo cielo!
¡Ah, no, no! De Calatrava,
jamás, jamás... ¡Dios eterno!

Tras este episodio, don Álvaro en el que cree su lecho de muerte, le pide a don Carlos un supuesto último favor:

DON ÁLVARO

Don Félix, vos solo, solo,
(Le da la mano.)
cumpliréis con lo que quiero
de vos exigir. Juradme
por la fe de caballero que haréis cuanto aquí os encargue
con inviolable secreto.
[...]

DON CARLOS

Sí; encuentro 
una llavecita


DON ÁLVARO

Con ella abrid, yo os lo ruego,
a solas y sin testigos,
una caja que en el centro 
hallaréis de mi maleta.


En ella, con sobre y sello,
un legajo hay de papeles;
custodiarlos con esmero,
y al momento que yo expire, 
los daréis, amigo, al fuego.


DON CARLOS

¿Sin abrirlos?

DON ÁLVARO (Muy agitado.)

Sin abrirlos,
que en ellos hay un misterio
impenetrable... ¿Palabra 
me dais, don Félix, de hacerlo?

DON CARLOS

Yo os la doy con toda el alma.

Una vez que don Carlos es poseedor de la llave, comienza a experimentar  confrontaciones entre sus sentimientos, lo que le hace debatirse entre abrir o no la maleta que contiene la carta, ya que ha reunido demasiadas pesquisas como para desconfiar de la persona de don Fadrique. Tras un monólogo en el que reflexiona sobre las posibilidades de que don Fadrique sea realmente don Álvaro y con la esperanza de mantener su promesa, decide investigar la maleta para encontrar un indicio que le lleve a descubrir a don Álvaro sin abrir la carta sellada. Es en esa maleta, donde descubre una cajita con el retrato de su hermana Leonor.



Al final del episodio, podemos ver cómo entra en juego esa confrontación entre la curiosidad que tiene don Carlos por saciar y el código de honor que le impide saciarla. El recurso del caballero desleal que a hurtadillas indaga en las intimidades de don Álvaro nos envuelve de un halo cómico y le otorga cierta actualidad a la obra, ya que se nos asemeja a situaciones cotidianas a las que todos hemos podido enfrentarnos. Vemos que al final, don Carlos mediante una triquiñuela consigue su objetivo a la vez que mantiene intacto el sobre. Este recurso pone de manifiesto la recursividad de la que puede llegar a hacer alarde una persona cuando encuentra dificultades para saciar la curiosidad. 


sábado, 10 de mayo de 2014

Una de monólogos

El primer fragmento seleccionado, se encuentra dentro de la obra Don Álvaro o la fuerza del sino. La edición utilizada para el análisis es la siguiente:



DE RIVAS, Duque. Don Álvaro o la fuerza del sino. 25ª ed. de Alberto Sánchez. Madrid, España. CATEDRA Letras Hispánicas. 2003. [págs. 111-115] ISBN: 84-376-0057-X

A continuación, hablaremos sobre el sentimiento que desprende Don Álvaro en el monólogo que lleva a cabo durante la Escena III del Acto Tercero. Aquí pueden ver la parte que corresponde al monólogo en la representación llevada a cabo por Estudio 1, este fragmento ha sido editado por mí aunque se ha extraído de este enlace [mins. 53-57]. 



En primer lugar, la acotación inicial nos traslada "a una selva en una noche muy oscura", en la que el personaje principal, Don Álvaro, aparece al fondo de la escena y vestido de capitán de granaderos, acercándose lentamente y cuya voz demuestra una gran agitación.

Uniforme de capitán 
de granaderos

Esta oscuridad del paisaje conseguida mediante el entorno selvático y la noche cerrada, comienza a transmitirnos cierta sensación de malestar y angustia propio de escenarios tan poco acogedores. La aparición de Don Álvaro solo, al fondo de la escena con los colores tan intensos de los ropajes típicos de capitán de granaderos, simbolizan esa mezcla de emociones que está a punto de desatarse en el interior de éste. 


Una vez presentada la escena, analizaremos el monólogo pieza por pieza, para que no quepa lugar a dudas sobre los diferentes aspectos que se van tratando.

¡Qué carga tan insufrible 
es el ambiente vital
para el mezquino mortal
que nace en sino terrible!

En esta primera afirmación exclamativa, podemos ver cómo Don Álvaro expresa su pesar por el motivo del que se comienza hablando en la obra, su sino. Se desprende la pesadumbre con la que Don Álvaro es consciente de su suerte y destino, de la misma forma en la que se resigna a él y no hace más sino lamentarse.

¡Qué eternidad tan horrible
la breve vida! Este mundo,
¡qué calabozo profundo
para el hombre desdichado
a quien mira el cielo airado
con su ceño furibundo!
Parece, sí, que a medida
que es más dura y más amarga,
más extiende, más alarga
el destino nuestra vida.

A continuación, expresa su inconformidad sobre la eternidad que resulta la vida que llevamos a pesar de su brevedad. Angustiado, está convencido de que el cielo mira airado al hombre desdichado, con su ceño furibundo, destacando de ese modo su convicción acerca de la inamovilidad de las circunstancias y el sino ya previsto para cada uno. Además, refleja la sensación que posee de que cuanto más sufre, más parece el destino alargarle la vida y con ello, el sufrimiento.

Si nos está concedida
sólo para padecer,
y debe muy breve ser
la del feliz, como en pena
de que su objeto no llena,
¡terrible cosa es nacer!
Al que tranquilo, gozoso,
vive entre aplausos y honores,
y de inocentes amores
apura el cáliz sabroso:
cuando es más fuerte y brioso,
la muerte sus dichas huella,
sus venturas atropella

En este punto, reflexiona sobre la duración de una vida feliz, que debería ser breve en comparación con lo larga que resulta una vida de sufrimiento. Se lamenta de lo terrible que resulta nacer, como ya haría Calderón de la Barca en La vida es sueño«... el delito mayor / del hombre es haber nacido»Se compadece además, de aquel que tranquilo, gozoso [...] apura el cáliz sabroso, pues cuando es más fuerte y brioso, la muerte sus dichas huella. Aquí vuelve al tema del destino que arrasa con todo, alargando el sufrimiento y poniendo fin a las alegrías.

y yo, que infelice soy
yo, que buscándola voy,
no puedo encontrar con ella.

En este momento, encauza su monólogo hacia el motivo de éste, su amada Leonor. Comienza lamentándose de su infelicidad que le empuja a buscarla, ya que no puede estar con ella.

Mas ¿cómo la he de obtener,
¡desventurado de mí!,
pues cuando infeliz nací, 
nací para envejecer?
Si aquel día de placer
(que uno sólo he disfrutado),
fortuna hubiese fijado,
¡cuán pronto muerte precoz
con su guadaña feroz mi cuello hubiera segado!

Se reitera el tema del nacimiento dentro de un sino terrible, rodeado de infelicidad en el que este nacimiento supone el inicio del envejecimiento. Vuelve a hacer hincapié en ese destino cruel que seguramente hubiera acabado con su vida si hubiese podido consumar su hazaña el día en el que fue a buscar a Leonor.

Para engalanar mi frente,
allá en la abrasada zona

La palabra resaltada en negrita, hace alusión a la región ecuatorial -Perú- de donde procede don Álvaro, que sirve de precedente para revelar el secreto de su origen.

con la espléndida corona
del imperio de Occidente, 
amor y ambición ardiente
me engendraron de concierto,
pero con tal desacierto,
con tan contraria fortuna, 
que una cárcel fue mi cuna
y fue mi escuela el desierto.
Entre bárbaros crecí,
y en la edad de la razón,
a cumplir la obligación
que un hijo tiene acudí;
mi nombre ocultando, fui
(que es un crimen) a salvar
la vida, y así pagar 
a los que a mí me la dieron,
que un trono soñando vieron
y un cadalso al despertar.

Acaba abrir su interior al lector y es entonces cuando descubrimos su origen iberoamericano, hijo de la corona de Occidente pero cuya fortuna le lleva al desastre y le hace criarse entre bárbaros y vengar su suerte frente a sus padres.

Entonces, risueño un día,
uno sólo, nada más,
me dio el destino, quizás
con intención más impía.
Así en la cárcel sombría 
mete una luz el sayón,
con la tirana intención
de que un punto el preso vea
el horror que lo rodea
en su espantosa mansión.

Comienza aquí a relatar el motivo de su calvario, comparando la aparición de Sevilla y todo lo que esta ciudad conlleva (como veremos más adelante) con el rayo de sol que ilumina la celda para que el preso vea el horror que lo rodea. Dada la expresión inicial, entonces, risueño un día, uno sólo, nada más, me dio el destino, quizás con intención más impía; podríamos decir en un registro un poco más coloquial, que considera este hecho como una gracia del destino, mediante la cual comienza su sufrimiento.

¡¡Sevilla!! ¡¡Guadalquivir!!
¡Cuán atormentáis mi mente!...
!Noche en que vi de repente
mis breves dichas huir!
¡Oh, qué carga es el vivir!
¡Cielos, saciad el furor!...

De nuevo reitera el dolor y el sufrimiento que le produce pensar en la ciudad de Leonor, el calvario que representa vivir e implora a los cielos que le calmen.

Socórreme, mi Leonor,
gala del suelo andaluz,
que ya eres ángel de luz
junto al trono del Señor.

Pide ayuda a Leonor, a la que ya considera fallecida. Resalta la resignación con la que asume por cuenta y riesgo propio, que ya no se encuentra entre los vivos.

                                                Mírame desde tu altura
                                            sin nombre en extraña tierra,
                                               empeñado en una guerra
                                                 por ganar mi sepultura

Le ruega a Leonor (o al destino) que se fije en él, que siendo un extraño en aquella tierra sólo lucha por ganar su sepultura.

¿Qué me importa, por ventura,
que triunfe Carlos o no?  

Este Carlos hace referencia a Carlos de Borbón (1716-1788).

¿Qué tengo de Italia en pro?
¿Qué tengo? ¡Terrible suerte!
Que en ella reina la muerte,
y a la muerte busco yo.
¡Cuánto, Dios, cuánto se engaña
el que elogia mi ardor ciego,
viéndome siempre en el fuego
de esta extranjera campaña!
Llámanme la prez de España, 
y no saben que mi ardor
sólo es falta de valor,
pues busco ansioso el morir
por no osar el resistir
de los astros el furor.
Si el mundo colma de honores
al que mata a su enemigo,
el que lo lleva consigo,
¿por qué no puede...?

El monólogo termina con un aluvión de reproches a todos aquellos admiradores que suscita, ya que asegura que el fruto de su fuerza y coraje, reside en su falta de valor, ya que sólo busca el morir y es por ello que se enfrenta a hazañas arriesgadas. Su monólogo queda en el aire en el momento en el que se pregunta cómo es posible que se colme de honores al que mata a su enemigo. Este final adquiere un tono trágico y suicida, ya que sigue reivindicando que sólo quiere morir al no encontrarse ya entre los vivos su amada.

El sentimiento que desprende en general el monólogo, como ya auguramos al principio con la puesta en escena, es trágico, melancólico y oscuro. Esto es debido a que Don Álvaro no es feliz y se siente impotente ante el destino (que como observamos a lo largo de toda la obra aparece en innumerables ocasiones resaltado en negrita) y utiliza este aparte a modo de desahogo y confidencia con el público para intentar poner en orden sus sentimientos.

martes, 6 de mayo de 2014

Comedia en seis actos

A continuación, adjunto el listado de las seis obras que utilizaremos a lo largo de este blog. Añado además, algunos enlaces a las obras para su consulta y estudio.


Los niños perdidos - Laila Ripoll
La paz perpetua - Juan Mayorga


Como una nota doblada por debajo de la puerta ..

Así es como se inicia este proyecto. Una asignatura con un planteamiento novedoso dentro de una de las carreras que curso. "Los géneros en la literatura en Lengua Española: El teatro", así comienza la segunda mitad del cuatrimestre, con la creación de un blog en el que poco a poco iremos tratando algunas obras seleccionadas previamente para su estudio, comprensión y acercamiento a nuestro teatro. 
Se intentará trazar una perspectiva general que se encontrará a caballo entre el punto de vista objetivo y tradicional que tradicionalmente se ha venido utilizando sobre las obras, y una perspectiva un poco más específica que abordará el temario visto en clase y las propias impresiones de una servidora.